Los Mandados.
Elan Aguilar. Cuento. Texto completo.*D.R.
Vivo en Cuernavaca, Morelos. De
la Universidad a la casa me hago ochenta y ocho minutos caminando, y cuarenta
minutos si tomo dos colectivos que cobran seis cincuenta cada uno. De camino a
casa tengo dos pollerías, tres verdulerías y el Super Descontón. Hoy se le
ocurrió a mi madre pedirme que le hiciera las compras que no hizo en la semana.
Me dio su lista en Facebook pegándola en mi muro, y por estas cosas que hace ya
he pensado seriamente en bloquearla y decirle que cerré mi cuenta por
cuestiones de seguridad. Primero pasé a las pollerías; siempre menciona que no vaya a comprar con Doña
Lupe, por que ha escuchado de sus amigas, que da más caro
que Doña Juana, aunque a mí me gusta visitar a Doña Lupe por ser más atenta y
hacendosa y contar con servicio de quesos y carnes frías a buen precio, aunque
algunos amigos dicen que es porque me gusta, y yo les digo que respeto a las
mujeres viudas. En la pollería de Doña Juana me gaste treinta y tres cincuenta,
de los cuatrocientos pesos que tenía. De las tres verdulerías siempre voy con Don Felipe, aunque él sí vende más caro que las otras dos, pero le gusta el futbol igual que a mí
y aprovecho para platicar de los resultados y darle esperanza, pues es
aficionado desde niño al Cruz Azul, aunque el mismo entiende que es muy posible
que muera sin volver a ver campeonar al equipo de sus amores. Mis amigos
comentan que le hago bullying a Don Felipe, pero yo les digo que somos "broders".
Me gasté treinta y siete con Don Felipe. No me gusta tener que andar comprando
los artículos de belleza a mi mamá, no es “cool”, por eso había pensado en inventar
alguna mentira piadosa como decirle que los únicos colores de tintes que había
eran de color rojo, pero ¡Oh sorpresa! Tenían diez por ciento de descuento, así
que aproveché para comprarme un desodorante Adidas que cuesta cuarenta y dos. Aquí
me gasté con todo y tinte, ciento setenta y tres pesos. Salí del Super Descontón
y me regresé al negocio de Doña Lupe, aunque yo cuando la saludo le digo “Lupita”.
Ahí compré el queso y las carnes frías porque además, mi mamá no lo sabe, siempre
me da pilón. Aquí gasté sesenta y ocho pesos. El cambio que queda de los
mandados, mi madre nunca me los pide, tal vez se le olvida o piense que me los
gasto, pero los ahorro. Me gusta comprarle algún regalo para fin de año, aunque
termino haciendo lo que no me gusta, comprarle algún rímel o crema para el rostro de
Channel.
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