Dalí El Ignominioso
Cuento. Texto completo *D.R.
*Elan Aguilar
Dalí un buen día tomó su decisión:
tomar el porvenir en sus manos, si lo podemos decir así. Tuvo, recordaba,
mejores días que los presentes, cuando era joven y fuerte, atractivo, no
conocía el rechazo de ninguna hembra. Podían hacerse las difíciles pero era
diestro y por mucho se había ganado el mote de El Semental. Se sabía en la
comarca que una de sus amantes, cuando Dalí la dejó de frecuentar, había muerto
de tristeza. Pero no por ello podía también ser parrandero y jugador, más bien
juguetón y bastante amiguero, tanto, que hasta aquellos de carácter difícil
terminaban siendo leales compañeros. Era pues de intachable conducta. Hasta el
día en que abandonó su hogar o lo que quedaba de él. ¿Había construido Castillos
en el aire? No. El heredó una hermosa casa hecha de adobe, pero nadie supo el
día, en que Dalí empezó a alimentar un mal hábito o mejor dicho, a alimentarse
de pedacitos de adobe. Mientras no fue visible para todos, su vida transcurría
normal hasta que le fue imposible seguir ocultando su loca manía, primero le
convinieron a que no lo siguiera haciendo, y por último los regaños: ¡Ya me
tienes harta! ¡¿Crees que por tener dos aventuras por semana te hace listo?! Pero
por su afable carácter nadie le llevaba cuenta de sus defectos y todo seguía
igual. Hasta que abandonó su hogar el ignominioso. Y es que siempre, en casos
como estos, el causante del oprobio resulta ser una blanca palomita y los malos
los abandonados, en especial porque los humanos definitivamente somos muy dados
a juzgar por las apariencias, sin tomar en cuenta una mirada retrospectiva del
problema: su loca pasión por el adobe y ya no había más, todo lo consumió y se
fue en su búsqueda. Primero se encontró con cuadras y cuadras de cemento,
siguió sus pesquisas sin notar que las horas se volvieron días, hasta llegar al
campo, metros y kilómetros de árboles y maleza, y los días se hicieron semanas.
Nada. Cansado y sin comer, regresó a reparar la afrenta. Ahora lo sabe: aún sin su nutritivo adobe, siempre será mejor el calor de hogar y el amor de sus dueños.
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