Te agradezco mi cuerpo y la vida, mis
padres, hermanos, y lo que no imaginaría. Miro al cielo
y agradezco. Tu reino es mi mundo y agradezco también, la mujer que me compaña.
¿Y qué te ofrezco? He desperdiciado por miedo, contaminado por mis dudas, y
acaparado por temor. Nada de lo que tú eres lo había emulado. Pero hoy, te
agradezco infinitamente, con la mente y el corazón abiertos, con mi alegría,
con mi gozo abundante. Tal como tú, maná, fuente de vida, manantial de Leteo,
agua al fin, te das sin reservas, gratuitamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario