(Cuento: Texto completo. DR.)
*Elan Aguilar
Ya era de madrugada. Seguro pasaba de la una por lo menos. Era un fin de semana y el primer sábado de fiesta del santo patrono de Los Hornos. Un pueblito que se encuentra como a veinte kilómetros de la cabecera municipal. Yo pertenezco a la cabecera municipal pero nunca me falla cada año visitar a Los Hornos. Me gusta su gente, amable y tranquila. Me gusta su clima y sus paisajes, así entre cerros, como en un valle y sobre todo tanta chamaca hermosa. La corrida de toros y los juegos mecánicos son sólo un pretexto. La verdad es que yo estoy ahí por las chuladas. Tengo amigos. Por donde sea. A donde llego. Claro, también tengo familiares en la ranchería y unas primas bien chulas. Y ellas me dicen que estoy bien guapo pero sé que me lo dicen porque me quieren reharto. A mí me gusta pasarla con mis parientes en Los Hornos porque no me siento juzgado por mi canijo vicio. Como que para ellos es algo natural el alcohol en la vida de los hombres, allá en casa de mis padres, no. Y quizá tengan razón, yo por beber me olvido de todo. En Los Hornos los hombres beben y al otro día, crudos y todo, se van a trabajar al campo. O eso dicen, igual se ponen a descansar bajo la sombra de un árbol. Y esto es algo que me atrajo siempre de la vida en el campo. Eterna bebedera y cumplir con sus responsabilidades. Luego que llego a la casa de mi tía, saca el galón de mezcal casero ¡Órale hijo, una copita! Y pues a quién le dan pan que llore. También tiene uno sus creencias acerca de las mujeres de rancho, por lo menos los amigos, pensábamos, que ahí íbamos a encontrar la mujer “ideal” esa que, abnegada, hacía los quehaceres del hogar con prontitud, experta culinaria y amante, esposa fiel y devota. Las feministas hoy nos dirían que estábamos buscando una sirvienta, pero no fuimos nosotros los que crecimos con el estereotipo de mujer que había uno conocido en las películas mexicanas de la época de los Pardavé, los Soler. Más lejos esto de la cruda realidad, imposible. Tuve un primo que su experiencia me hizo recapacitar: se casó con una hermosa mujer de rancho y después de haber sido Gerente en una transnacional tuvo que abandonar su trabajo y emigrar al gabacho porque simplemente no le alcanzaba para satisfacer las exigencias de su mujer. No, gracias. Prefiero pasar sólo un rato divertido con las chicuelas cada año. Que al fin yo puedo prepararme la comida y lavar mi ropa. Como cada año, me regreso a pie a casa. La mayoría de los que vienen a la fiesta se amanecen en el baile o se quedan a dormir en alguna casa. Yo prefiero regresar. El camino, por estas fechas, está iluminado por una enorme luna llena, que baña el campo, los cerros, los ríos, el ganado y un accidente vehicular en una de las curvas de la terracería. Cada año sucede un accidente, a veces trágico a veces sólo son daños materiales. La gente se emborracha y regresa manejando a la cabecera municipal, la carretera tiene muchas curvas sinuosas antes de alcanzar la recta al municipio. Este es otro de los motivos porque la gente prefiere quedarse hasta la mañana siguiente. No he reparado en ver si hay gente herida porque no escuché ningún quejido y es probable que ya lo atendieron. Ya he caminado la zona de curvas y me siento más tranquilo sin el peligro de encontrarme con un conductor ebrio que no me alcance a ver. Ahora empieza el largo tramo recto. De vez en cuando me ha pasado que veo sombras por el camino o escucho ruidos raros o voces que salen de la nada pero luego pienso que es mi imaginación o el efecto del alcohol. Sin embargo no soy una persona que se deje llevar por el miedo a lo sobrenatural, quizá porque no creo en ello. Hoy es la primera vez, que hace rato vine detrás de mí una niña, pequeña, cansada, quizá unos siete años. No es como imagine que pudieran verse los fantasmas, parece tan real que tengo la sensación de que trata de agarrar mi mano. Recuerdo las palabras de mi madre que decía: si una vez te toca ver un fantasma, no te asustes, sólo dile que siga la luz. Y eso es lo que he hecho. Sin embargo, continua ahí detrás de mí. Ya estamos a unos metros de llegar a la cabecera municipal, espero que la luz del pueblo ahuyente a la niña. Bien, dio resultado.
¡Hija de mi vida! ¡¿Qué te ha pasado corazón?! ¡¿Qué haces afuera de la casa a estas horas?! Tía, mis padres han chocado el carro en Los Hornos.

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