cuando el plomo se vuelve noche,
cuando mi angustia es el silencio,
me vuelvo a tu tibia mano.
A ratos,
cuando llega el dolor inexpugnable,
cuando me arrincona la sinrazón,
me abrazo a tu mirada.
A ratos,
cuando parece la vida más dura,
cuando se ha secado el llanto,
me salva la noche
cada vez que dormimos.
Elan Aguilar

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