Cuento. Texto completo. D.R.*
*Elan Aguilar
Amaneció, estaba inquieto por regresar a la escuela. El
primer día que me llevaron fue contra mi voluntad, primero porque no entendía
porque mis padres insistían en llevarme a un lugar donde debería permanecer medio
día alejado de ellos. Y en segundo porque, hasta aquel día, me la paso en la
casa muy a gusto, mi padre trabaja ahí mismo y aunque no me atienda me conformo
con sentir su presencia, mi madre prepara la comida y me prepara cosas para que
la pase bien, como la tina del jardín que llena de agua al medio día y que uso
como alberca personal comiendo pan de elote mientras me remojo la barriga y
cuando llega a pasar a mi lado aprovecha para cantar una estrofa de alguna
canción que le gusta:
Pequeña cosita,
de ojos cafés,
tus manos alegres
mi corazón también.
Después de un chapuzón prendía la televisión o mi madre de
preparaba la cama para quedarme dormido mientras llegaba la hora de la comida.
Ahora esta inquietud. La escuela era el lugar de reunión con más niños como yo,
y desde que llegábamos era un griterío y un correr de un lado a otro, jugar en
los columpios, en el sube y baja, en el carrusel, en el caballito de resorte y
en la resbaladilla ver quién era el valiente que se aventaba más veces, había
un maestro de piano que nos acompañaba cuando era la hora de cantar una
canción:
Primero verán,
que pasa la A.
Con sus dos patitas
muy abiertas al marchar.
El salón de canto se llenaba con nuestras voces tanto, que
se salían del salón para inundar la escuela y a la gente que pasaba caminando
por la calle.
Amaneció y supe que fue un sueño ¿Qué es un jardín? ¿Qué es
un elote? ¿Qué es una alberca? ¿Qué es un piano? ¿Qué es un sube y baja? ¿Qué
es una escuela? Conozco la tierra árida que piso, las casas semidestruídas por las bombas, la falta de agua y la escasez
de alimentos, mi padre trabajando aquí y allá y mi madre y yo lo acompañamos
aquí y allá y mi hogar son los brazos de mis padres.
Amaneció. Lo sé. Puedo ver la salida del sol en el horizonte
del mar, puedo ver mi cuerpo inerte tirado boca abajo en la orilla de ese mar,
la playa de esa tierra donde mis padres querían encontrar mi sueño.
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