PRIMERA PARTE
Me recuerdas a José
todos hablando de María
y de ti una chingada.
Nunca decías nada.
Me enseñabas que era mejor
acciones que palabras.
Siempre apoyaste a la gente
aunque no recibieras nada.
Tan sólo incomprensión.
Pero sé que ni lo consideras,
sólo el amor de los tuyos.
No morirás, las gentes como tú
nunca mueren.
En el amor de tus hijos,
no morirás.
En tu devota esposa,
no morirás.
En la tierra y en el cielo,
no morirás.
En tu madre, y en tu padre,
no morirás.
En el corazón de tu nuera,
no morirás.
En viernes de la semana,
no morirás.
Eres fuerte, tenaz, voluntarioso
no podrás morir.
Se quedan tus ramas,
para dar ejemplo sin reposo.
Sabes bien que sobran las palabras,
estas en paz y nosotros también.
Tu rostro sereno ayer me lo dijo.
Toda una vida, de amor, cuidados,
¿Y cuando me enseñaste a nadar?
Tú que tanto amaste la vida papito,
también me enseñaste que la muerte
es sólo un pretexto,
para reunirnos a todos.
Y estas palabras no son poema.
Es una confesión que te hago,
como me confesaste que todos
Para morir nacimos.
Me acostumbre a tu imagen fuerte,
saludable y de buen comer,
con tu gusto de niño por las
alegrías y las palanquetas,
la nieve y los cacahuates.
El bacalao de fin de año,
me lo comeré por ti.
Ya deberías saberlo y si no te digo,
Que me aleje de ti voluntariamente,
Para guardarte siempre en mí recuerdo.
ELAN AGUILAR

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminar<3 :,)
ResponderEliminar