Cuento. (Texto completo. DR*)
I
Fue ayer cuando parece que respiré el aire del
mundo. Aun sentía lo tibio de las entrepiernas de mi madre. Nací con una
deficiencia: no conocía nada del lugar al que llegaba, nadie me alertó, nadie
me dio un instructivo de lo que podía y no podía hacer. Claro que como todos,
nací con mis instintos y mi conciencia. Bien o mal, la mía. Unos cuantos
halagos y felicitaciones hacía mi progenitora, nada más. Era necesario de su
apoyo, de lo contrario parece que lo dice la regla, sería difícil que
sobreviviera: ser amamantado, ser abrigado, ser protegido, sobre todo protegido
¿para qué? Parece una broma cruel cuando se esmeran tanto en cuidarte cuando
eres incapaz de casi todo, por lo menos puedes defecar y orinar por sí sólo,
que ya es bastante, para que cuando ya puedes decidir si quieres o no ir a la
escuela, si quieres o no comer tal cosa, si quieres o no callarte, te obliguen
a hacer lo contrario a tu conciencia propia, bien o mal según usted juzgue.
II
II
Yo no quiero contradecir a nadie, porque hacerlo no
es signo de buena educación y ¿eso a mí qué? No, eso me gustaría decir pero no
se me permite, tengo que pensar en el “buen” nombre de la familia y de mis
padres. Quizá sólo les faltó decir que era pecado, de esos que te llevan
directito a los avernos. Como si alguno de ellos ya lo hubiera conocido. Yo sí
conozco el agua, y no quema como ese lugar tan mencionado que dicen habitan los
condenados, pero el agua si te mata. El agua con todas sus bondades, con la maravilla
de dar vida y hacer a la tierra fértil también se vuelve peligrosa. Y ojala la
gente, que digo la gente, ojala mis padres pudieran ver a su alrededor y
comprender esa dualidad perenne de la vida, que en todo hay un lado oscuro, que
hay que aceptar antes de tratar de continuar por la vida negándolo,
obstruyendo, reprimiendo.
III
III
Lo mejor que tengo son mis hermanos. Lo mío no se
acerca ni por poco más bien se aleja. Y tengo que dar la razón, a alguien.
Sencillamente porque ya lo digo alguien antes. El aire que parece tan divertido
para practicar ciertos deportes, el aire también se vuelve imprescindible para
la vida, es un elemento que no falta en mis sueños, ese sueño recurrente donde
voy cayendo de algún lugar, de ninguno en especial, simplemente voy cayendo,
siento el vértigo de la caída y de no ver la tierra, siento la angustia de lo
desconocido ¿a dónde voy? Por experiencia, conozco las caídas al suelo, pero de
la carriola, de la cuna, de la cama, y por supuesto duelen, después viene el
consuelo. Y esta caída del sueño, mi gran temor era ¿aguantaré el golpe? Y
¿después quién me consuela?
IV
La fiesta es un lugar común y motivo de reunión, de fraternidad, de gozo entre los Hombres. De hecho el nacimiento es motivo de grande alegría. Así lo fue con mi nacimiento. No he conocido alegría mayor hijo mío que cuando naciste, frecuentaba decir mi padre. Uno como hijo, no sé si todos los hijos, pero en mi caso, me gusta ver contento a mi padre cuando me pide le acompañe. Ya sea al billar, al parque o al estadio de futbol. Es “chemo” de corazón. Les dicen “chemos” por cementeros, un juego de palabras ya que igual se les dice a las personas que gustan de consumir inhalantes.
El infierno se cansaron de pregonar que era el
lugar peor donde la gente puede llegar, el fuego eterno, hombres y mujeres
promiscuas retorciéndose de dolor frenético ¿lo he visto? Si, tuve la
oportunidad una ocasión: un dibujo a cuadro en una capilla cerca de la casa. Un
lugar que no frecuentaban mis padres, ellos decían ser de esa religión del
cristo sangrante de la costilla y de la frente, quizá los ojos, no lo recuerdo
bien.
V
V
Y tan mala hora dejaron de negarme ciertos
permisos. Como el hecho de permitirle a Juanita ir a nadar conmigo. Juanita es
una jovencita ya mayor, muy noble y bien portada, a pesar de ser mayor que yo,
le caí muy bien desde el primer día que me conoció. Ella viene de un pueblito
llamado Vistahermosa. Dice que estudió hasta la secundaria, el bachillerato ya
no lo continuo porque murieron sus padres bajo el garrote de la policía al
tratar de defender un área acuífera donde el gobierno había otorgado permisos
para realizar en zona irregular una gran obra de viviendas. Juanita ¿Qué viste
en mí que te caí muy bien?
VI
VI
No espera ser una carga, en ningún modo, pero mis
dos hermanos casi me igualan en edad, uno dos años mayor que yo y el otro
cuatro, yo tengo tres años. Me apena que mis padres tengan que trabajar todo el
tiempo, que tengan poco tiempo para pasar el rato juntos y por supuesto que
tengan la necesidad de encargarme con
mis hermanos. Ellos se merecen una vida mejor.
VII
VII
Los últimos días mi padre estaba muy entusiasmado
porque La Máquina, su equipo de toda la vida, se encontraba en la liguilla. Me
decía que Guillermo Vázquez estaba haciendo jugar al equipo como en años no se
le había visto “Hijo, hay que tener paciencia. Es su primer temporada y ha hecho
jugar a estos muertos”, refiriéndose a los jugadores. Con la eliminación del
equipo, aunque es un dilema para mí pues sé el amor que siente por los colores,
me dedica toda su atención. Empezamos a planear lo que haremos los fines de
semana juntos. Ir al parque, a nadar, a Xochimilco, a caminar por Zócalo y
comprar una nieve, llevarme a comprar algún libro, y esta vez tocaba ver una
película.
VIII
VIII
Y sin embargo, a veces todo el amor del mundo no
cuenta si no es el de tus padres. Las enfermeras y los médicos no se cansaban
en decirme lo mucho que todo el mundo me quería, que no dejaban de recibir
cartas que ellos recogían y me hacían el favor de leerme. “Fernandito, estas en
nuestras oraciones hijo. Mis hijos, mi esposa y yo rezamos por tu pronto
bienestar” decía una. Fue inimaginable, inconcebible el dolor que me causó el
hecho de no poder ver más la sonrisa de mi madre, la cara de mi padre cuando
llegará a casa. Aún el miedo que me provoca el hecho de escuchar a la psicóloga
que dice que es muy probable que ya no regrese más con ellos, pues dice es
grave lo que han cometido a mi persona. Yo quiero regresar a casa.
IX
IX
Cómo podría decirles a mis padres que abandonen la
culpa y que vivan. Juanita piensa lo mismo. Ella está en paz y yo también.
Disfrute la vida, disfrute la alberca y disfruto la compañía de ella que tanto
me quiere. La vida, me dice, es como una gota de agua. No somos los primeros ni
los últimos. Todo el amor de mis padres y los de ella siguen presentes, como
una gota de agua. Nos hemos abandonado a un abrazo eterno de agua, bella,
hermosa y llena de vida. Estamos en casa.
X
X
Mis hermanos están acongojados. Mi hermano mayor ha
hecho lo mejor que pudo. Ha sido un ser valiente y extraordinario al tratar de
salvarme ante el fuego y el humo del edificio. Pero también se encuentra
lastimado. Hermanito no te culpes. Desde el momento de separarme de tus manos,
algo muy parecido a ti me ha abrazado. Cuida de mis padres cuando regresen a
casa.
XI
XI
La película no se las podré contar. Pero mi vida
fue una película a lado de mi padre. Y quisiera verlo sonreír cuando su equipo
gane un campeonato de película. Desearía que todos los niños puedan tener un
amigo en casa. Lo mejor que me pudo pasar.
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