miércoles, 29 de octubre de 2014
Ser estudiante
Si a mí me hubieran dicho
que iba a llegar el día
en que ser estudiante fuera,
sólo simples objetivos
no lo hubiera creído.
Que alguien nos viera,
siendo indiferentes, digo,
del abuso del poder político,
como simples testigos
no lo hubiera creído.
Que puñal tan fino
éste de cuya herida
el país muere y desangra,
si me lo hubieran dicho
no lo hubiera creído.
Elan Aguilar
viernes, 24 de octubre de 2014
Empezar otra vez. Películas recomendables
Cada día es peor en la industria del cine. En México poco a
poco las nuevas generaciones de directores y productores van sacando de la
barranca profunda en que cayó en la época de Echeverría, Portillo, De la Madrid
y Salinas. Y la Hollywodense no se diga, una industria creada para la
propaganda militar, consumista, etc., interna y externa. Y bueno, después de
chutarme varios años de mi infancia y adolescencia en basurilla, hoy difícilmente
encuentro, ya no digamos una película que desee comprar para mi colección
personal sino para volver a ver. Por cierto, debo decir que de películas de
terror las he dejado de consumir de años atrás porque no existe hasta hoy una
que valga la pena, me quede con LOS OTROS y hasta ahí.
Pues en medio de la producción industrial del cine, me he
encontrado con BEGIN AGAIN, desconozco si en México la dejaran con su
traducción literal del título o le pondrán uno diferente que nada tiene que ver
con el argumento ¿Quién carajos será el encargado de hacerlo? Qué ganas de
joder.
Begin Again es una película estadounidense de género
comedia-drama estrenada en 2013, escrita y dirigida por John Carney y
protagonizada por Keira Knightley, Mark Ruffalo, Hailee Steinfeld y Adam
Levine, reza Wikipedia.
Y es una película fresca, un argumento sencillo y olvidado,
el amor. Amor por el prójimo, amor por la pareja, amor por la música, amor por
tu trabajo, amor por los amigos, amor por la vida.
Mark Ruffalo no deja de sorprender. Cuando piensas que ya lo
ha dado todo y que terminará su carrera encasillado en la saga de marvel siendo
el señor Hulk, pues resulta que siempre no. Excelente actuación, a pesar de ser
el de mayor experiencia actoral, nunca se come el protagonismo de los demás. Y se
vuelve, si, el eje que sobrelleva la historia de principio a fin. Inolvidable. Y
la música de la película, ni se diga, excelente. No puedes dejar de verla.
Aquí te comparto el tema principal de la pelí. ¿Te late?
miércoles, 15 de octubre de 2014
Fragilidad
Tus lágrimas
espejos de mi fragilidad.
Recuerdos de un paso efímero.
Mis lágrimas
puertas a la enormidad
y no saber qué vendrá.
Que todo sea mentira.
Quédate aquí
o llévame contigo.
Elan Aguilar
martes, 7 de octubre de 2014
Hacienda Mixquic
Cuento. (Texto completo. D.R.*)
Elan Aguilar *
Era un joven de espeso cabello oscuro, cara con
nariz aguileña y cejas formadas y pobladas. No pasaba desapercibido para mucha
gente aunque él parecía no percibirlo. Alegre y sonriente irradiaba una
personalidad poco común dentro de una comunidad de adolescentes que más bien
eran grises, sin color, casi blancos. Conversaba y se relacionaba con todos a
pesar de que entre los hombres generaba envidia, que delante de él ocultaban
muy bien. Parecía que ellos se confabulaban para, sin proponérselo, desearle
mal. Las jovencitas por su lado, por igual crianza o falta de color, también lo
juzgaban diferente, podían sentir atracción pero igual lo ocultaban o varias de
ellas tenían hermanos que eran “amigos” del audaz joven y quizá por no
contrariarlos se mantenían al margen de salir o tratar con él. Existía una
joven de alrededor de dieciséis años, con pecas, su tez blanca, cabello largo,
espeso, café claro casi rojizo, de uno setenta metros de estatura y cuerpo
atlético. Gustaba de usar jeans elásticos que acentuaban la ya atractiva forma
de sus caderas. Nadie escapaba de sus encantos y sin embargo nadie había
tratado de mantener una relación con ella. O no se le conocía novio alguno.
Todos habían tratado de sacarle un beso y nada más. Se conformaban con decir
que la pelirroja del pueblo ya había sido “su novia” sólo por el hecho de
besarla, faltaba que fuera cierto pues todos querían presumir del hecho. Cuando
se le preguntaba más acerca de ella, terminaban diciendo que estaba hermosa
pero loca y preferían cambiar el tema. Por extraña coincidencia nuestros
hermosos mozalbetes no se conocían hasta el día en que se llevó a cabo la
fiesta popular de la colonia el Mezquite, una de tantas que se llevan a cabo en
el transcurso del año para festejar al personaje de una calle, a mejoras de una
capilla, para fondos de la ayudantía o simplemente un pretexto para que haya
baile y bebedera. ¿Quién es la chica del
cabello rojizo? Preguntó. Los “amigos” al darse cuenta de su interés,
confabulados siempre alrededor de su mísera envidia, se apresuraron a animarlo
a que la conociera ofreciéndose a presentarla ¿No la conoces? Es guapa ¿no? Si
gustas nosotros te la podemos presentar. No, gracias. Ahora voy a presentarme
solo. “Hola, me llamo Gerardo ¿Cuál es tu nombre? Me llamo Malena ¿te gusta
bailar?”. Y tomándole de la mano le
llevo a la pista de baile. Era música sonidera, grupera, guapachosa, de
acabarse la suela, de tanto taconazo. Y ese ritmo duró así casi dos horas
durante las cuales no pararon de bailar. El baile y la música resultaron ser
una especie de terapia hipnótica durante el cual Malena y Gerardo no dejaban de
mirarse a los ojos y estar embelesados uno del otro, aparecían leves sonrisas
en sus rostros. A sus veinte años siempre había pasado con mujeres de su edad o
mayores, atendiendo el consejo de su padre que siempre le advertía de los
peligros de salir con mujeres menores que él. Pero por la apariencia de Malena
él dio por sentado que era mayor de edad, además siempre considero de mal gusto
preguntar la edad a una mujer. Los “amigos” después de la primera media hora de
baile, le gritaban o le hacían señas a Gerardo para que dejara de bailar y
regresara con ellos, no porque les interesara que conviviera con ellos, era más
bien esa sensación que les quemaba por dentro de su total incapacidad de
disfrutar de nada y a Gerardo parecía que hasta “La loca” le estaba haciendo
pasar un rato agradable. Fue inútil tratar de llamarlo y tampoco se atrevieron
a ir donde él para llamarlo pues consideraban que sería obvio ante los ojos de
Malena que se encontraban un poco celosos. Después de dos horas empezaron las
baladas ¿Me invitas un refresco? Por supuesto, ven. Vamos a la mesa. No,
tráelo, aquí te espero, contestó Malena. Gerardo regreso a la pista de baile
con un refresco y se lo ofreció. Toma tú primero, le pidió Malena. Gerardo
parecía en estar en estado de hipnosis pues hacia exactamente lo que le pedía.
No era su voluntad sino Malena. Gerardo tomo del refresco y Malena le tomo su
mano con el envase para luego llevarlo a sus labios carnosos y de un rojo
brilloso por su lápiz labial. La chica miró su reloj, se acercó a él y al oído
le dijo: me tengo que ir. Y le dio un beso en la mejilla suavemente. Lo sintió
como una eternidad y se sonrojo. Toma, háblame. Malena le puso en la mano una
servilleta con un teléfono anotado con lápiz labial ¿o era sangre? Cuando
intentó decirle adiós Malena ya no estaba y volvió a ver la servilleta
sintiendo el deseo de besarla, no lo hizo, pero si se la llevó a la nariz:
podía oler a Malena.
Llegó Gerardo a casa de la pretendida jovencita. Abrió la puerta y se quedaron sentados afuera, en el borde de la puerta. Eran las nueve de la noche cuando Malena lo tomó del rostro y lo beso. Él se encontraba estupefacto. Era lo que iba pensando cuando se dirigía con Malena pero nunca le había sucedido algo similar. “Si eso es todo lo que quieres, ya lo tienes” le dijo Malena. ¿Un beso? No, te quiero a ti. ¿Me quieres a mí? ¿Estás seguro? Tan seguro que por eso estoy aquí, contesto Gerardo. Creo que antes deberías saber ciertas cosas de mí. Él recordó en ese momento ciertas historias sobre ella, como aquellos que aseguraban que la muerte de algún familiar se había dado justo después de que la dejaban de ver y ella les amenazaba “te acordarás de mí” o como aquellos otros que la culpaban de padecer acné en cuanto empezaron a expresarse mal de ella y que a pesar de tratamientos y cremas quedaban con rostro cacarizo. Pero el entendía que eran las historias que se contaban entre los “amigos” y no le daba mayor importancia. Además él si de algo adolecía era de ser supersticioso. Pero algo centro su atención, a pesar de ser un pueblo pequeño, nadie entre sus conocidos había conocido a sus padres ni cómo se llamaban ¿O viviría con sus familiares? ¿Ya habrían muerto sus padres? ¿Era huérfana? Cuando tomó consciencia que el rato que llevaban sentados no había escuchado ruido alguno del interior de la casa: una radio prendida, una plática de comedor, nada. ¿Y qué es lo necesito saber de ti? Preguntó Gerardo. Te lo contaré pero espero no me dejes de ver por ello: escucho voces. Bueno yo también escucho voces, se escuchan las voces de los vecinos por ejemplo. No, escucho voces de la nada. También puedo ver espíritus o transfiguraciones. ¿Y eso es malo? Pues me han dejado de ver cuando les comento esto y empiezan a decir que estoy loca ¿Crees que estoy loca? Creo que estas muy bonita. No, en serio ¿quieres comprobarlo? No es necesario, con verte a ti me basta. Bueno, espero que no dejes de visitarme por lo que te he platicado o peor, que hables mal de mí porque sabes lo que les pasa. No, no sé qué les ha pasado pero si me gustaría seguir viéndote. ¿Oye, y tus papás? ¿Qué tienen mis papás? ¿Están en casa? Sí, pero ya deben estar durmiendo, se duermen temprano. ¿Me puedes regalar un vaso de agua? Preguntó Gerardo e intentó abrir la puerta para mirar dentro, había entreabierto la puerta cuando miró un gato pardo, enorme, sentado detrás de la puerta y mirándolo fijamente. ¡Geist! Dijo Malena alegremente. Este es Geist mi gato. Ven échate aquí, a mi lado. Y el gato se acurrucó a un lado de ella. Bien Malena, me tengo que ir, ya es un poco tarde. Malena lo tomó del rostro y lo beso con deseo, como si tuviera un rico dulce entre sus labios. Él empezó a sentirse excitado y con una mano le tomó la cintura y la bajo un poco para sentir sus amplias caderas. Pensaba en tocar sus pechos pero creía que sería un exceso, cuando Malena le tomó su mano y se la llevó a su busto. Le excito sobremanera pero definitivamente nunca le había sucedido algo similar. Con discreción quitó su mano de los senos de Malena y se levantó. Nos vemos Malena. Te busco en la semana. No. ¿No? ¿Por qué? Será que ahora tú eres la que ya no quiere verme. Nada de eso Gerardo, pero que te parece si mejor nos vemos el fin de semana para ir a acampar. ¿A acampar? ¿Dónde? A la hacienda de Mixquic, por Santa Cruz ¿La conoces? No, pero esta excelente la idea. Te gustará, es una hacienda abandonada y la gente de la comunidad la ha acondicionado como un balneario rústico y unos galerones con camas y sus áreas para acampar. Perfecto, no se hable más, yo llevo la casa de campaña y comida. No, la comida la llevo yo, allá tienen una cocina rústica. Te prepararé. Te gustará. Bueno, adiós, el que mucho se despide pocas ganas tiene de irse, adiós. Paso el sábado. Todo pintaba maravilloso, sería quincena el fin de semana y su padre le daría dinero, tendría algo para invitarle.
El camión hizo parada en un crucero y de ahí caminando hacía Santa Cruz, desviándose por una vereda del camino hasta encontrar de frente la entrada, una reja metálica y a un costado un cuarto con una pequeña ventana y unas letras desteñidas “taquilla”, pero no había nadie. ¿Quién cobra? Preguntó Gerardo. Quizá estén adentro haciendo otras cosas. ¿Esperamos? No, entremos. Luego nos encontraran para cobrarnos. A la distancia una construcción antigua, a su lado una palapa con cocina y más allá lo que parecía ser una alberca. Al llegar a la construcción, que albergaba unos galerones de techos altos, Gerardo estaba por preguntar si serían los únicos en el lugar cuando escuchó voces que venían detrás de un arco.
La hacienda se encuentra en desnivel, pasando ese arco encontraras las escaleras que bajan a lo que se supone fue una antigua hacienda de caña, le dijo Malena cuando lo vio acercarse al arco. ¿Se supone? Bueno, se supone porque también se dice que fue un convento de monjas que fueron asesinadas por lugareños. ¿Por gente del lugar? Imposible, la gente de estos rumbos es muy, muy tranquila, y recuerda que todo, con los años empeora no mejora. No podrían ser lo contrario. Te dije que eso es lo que dicen, no me creas. Bueno, bajaré para conocer. Mientras yo iré a pagar y que nos asignen un dormitorio. Te espero en la alberca.
Gerardo bajo a la hacienda, el lugar tiene una
energía fuerte, a pesar de tenerlo abandonado, pensó. De las paredes nacían
árboles y mala yerba, además de ya no contar con el techo, quedaba sólo la
estructura de una magnifica construcción, llena de cuartos amplios divididos
por puertas perfectamente alineadas a los cuatro puntos cardinales, observaba
cuando el ruido de voces que llegaban del centro de la estructura le quitaron
su embelesamiento. Seguro son otros campistas, ¡Hola! ¡Buenas tardes! Saludó.
¡Jajajajajajaja! Reían las señoras y parecían estar contándose anécdotas que no
se percataron de su presencia. El día pardeaba y se oscurecía el lugar, más aún
por lo tupido del follaje. Recordó su cita en la alberca con Malena y regresó
al área de acampar. No tenía idea de cuánto tiempo había permanecido abajo pero
la luz del día había desaparecido para dar paso a la luna llena. Lo que
permitía tener una buena visibilidad del lugar aunque el único lugar con luz
era la cocina de la palapa con su fogón prendido. Sintió un hambre feroz. No
había comido nada durante el día. Así que fue directo a la alberca a buscar a
Malena para invitarla a comer. La temperatura empezó a bajar. Llegó a la
alberca y se llevó una decepción: no tenía agua. ¡Malena! Gritó Gerardo para
tratar de ubicarla ¡Aquí! ¡Date prisa! ¡Vamos a comer! Contestó Malena. Al
acercarse a la cocina miró a Malena de espalda, en traje de baño, exquisita,
preparando los alimentos en la cacerola y sentadas alrededor, un grupo de
señoras que no se les miraba su rostro y parecían platicar entre ellas. Mira,
acércate ¿Qué tal huele? Malena metió la cuchara en el recipiente y lo sacó
rebosante de su mezcla. Gerardo se acercó a oler y vio en la cuchara un globo
ocular ¿Qué es eso? Preguntó volteando a ver a Malena que se encontraba con
cuencas en lugar de ojos. ¡Devórame los ojos! Y Gerardo hizo exactamente lo que
se le pidió.
viernes, 26 de septiembre de 2014
Otoño
Hoy vi el otoño en tus ojos,
supe que soy próspero,
y por demás dichoso.
Hoy vi a Dios en tu mirada,
Soy,
escuche dentro de mí
mientras me amaba.
Hoy tu vista iluminó la duda,
vendimia de ternura y afecto
Tú,
generosa vida.
Elan Aguilar
miércoles, 17 de septiembre de 2014
Cuando se hayan ido
Cuando el fuego
de tus ojos acabe,
la luz de tu presencia
se
extinga,
el arrullo de tu voz
calle,
tu ingenio me deje
de alimentar,
cuando se
hayan ido,
vivirás en mí,
perennemente.
Elan Aguilar
martes, 2 de septiembre de 2014
Yo Poncio Pilatos
Elan Aguilar.* Cuento. Texto completo. DR*
Este título es muy tardío, se encuentra por primera
vez en el siglo VII, en el país de Aquitania. En el prólogo aparece la firma de
Tito, quien afirma haber estado al frente de los batallones de Vespesiano para
dar castigo a quienes dieron muerte al Justo y Salvador de los hombres. El Papa
III cita la traducción bajo el nombre de “Actas de Pilatos”. Posterior, en el
siglo XIII se hace una traducción al griego y al que denominan como “Hechos de
Pilatos”.
Siendo Rey de Aquitania, dejo bajo mi resguardo el
testimonio del procurador de Judea, quien viendo rebasada su autoridad di mi
apoyo para dar muerte a los ofensores del hijo de Dios, hombre Justo y Salvador
de los hombres. Os suplico a cuantos leáis tales cosas, que oréis por mí, a fin
de que Dios interceda y me perdone mis culpas y negligencias que haya cometido.
Salud a los que escuchen.
Capítulo I. El Sanedrín presenta al acusado
1.
Yo Poncio Pilatos, que fui procurador de Judea hasta el año 36 de la era de
Nuestro Señor Jesucristo, hago constar los siguientes hechos:
2.
Fui procurador de Judea por encargo del emperador Tiberio Cesar, que me fue
otorgada por servir con distinción en las campañas militares y miembro
sobresaliente de la Ordo Equester.
3.
Judea era la provincia más conflictiva y subversiva del imperio y el líder del
grupo de extremistas judíos se llamaba Barrabás. A quien personalmente lleve
preso a mi llegada a esta prefectura en el año 26.
4.
Fui temido por el Sanedrín al ver que no cedería ante su corruptibilidad y
llevar a cabo mi tarea, a saber, hacer efectivo el tributo e imponer el orden.
5.
A un año de mi llegada a estas tierras escuché de un hombre llamado Jesús de 34
años que se hizo bautizar por el Bautista y empezó a predicar, a sanar a los enfermos,
resucitar a los muertos, llevar justicia a las mujeres, darle de comer a los
hambrientos, convertir el agua en vino,
6.
Mi esposa Claudia, atraída por los comentarios de la muchedumbre, después de
asistir a uno de sus sermones quedo sana de sus dolencias y empezó por seguir a
Jesús y conoció a María y José que dijeron ser sus padres.
7.
En el año 30, se presentaron ante mí Anás, Caifás, Judas y otros tantos judíos
de calidad para acusar a Jesús: Anda diciendo que nació sin concepción carnal y
sabemos que es hijo de José el carpintero y de María. Se hace llamar hijo de
Dios, más con hechos profana el sábado y viola la ley de nuestros padres.
8.
Les pregunté ¿Qué es lo que hace en sábado y qué dice su ley? Los judíos
contestaron: la ley manda santificar el sábado y prohíbe curar en este día. Más
él, cura ciegos, sordos, cojos, paralíticos, leprosos, poseídos y da de comer
al necesitado.
9.
Repuse: Raza de víboras, no tienen descanso. Aun si esta provincia no
perteneciera al Imperio, ustedes seguirían maquinando cosas contra sus propios
hermanos.
10. Ellos replicaron: es
practicante de alta magia, puesto que por satanás, expulsa los demonios y por
él también cura a los enfermos.
11. Dije, no es el espíritu
inmundo quien puede expulsar los demonios, sino por la virtud del creador.
12. Respondieron todos: Te
suplicamos hagas venir a Jesús a tu tribunal. Sabiendo del aprecio que Claudia
mi esposa profesaba por este hombre y en su consideración ordené a un
mensajero: Trae a Jesús ante mí y trátalo con dulzura.
13. El mensajero tendió su
manto ante él e inclinando la cabeza dijo: Señor, camina sobre este manto,
porque el gobernador te llama.
14. Los judíos llenos de
ira preguntaron ¿Por qué tu mensajero lo adora si es un gentil?
15. ¿Y los que adoran de
los suyos las figuras de oro, no son también judíos? ¿Qué dice su ley?
16. Volviendo a insistir:
pregúntale por qué lo adora. Llame al mensajero ¿Por qué obras así? Y él
repuso: he escuchado a los niños gritar “Salve, hijo de Dios. Salud al que está
en los cielos.” Y creí.
17. Les pregunté a los
judíos ¿Es verdad que los niños gritaban así? Así es, contestaron. Si vosotros
mismos confirmáis que los hijos de los judíos se expresaban así ¿En qué, digan,
es culpable el mensajero? Callaron.
18. Volví a pedir: Ve, e
introdúcelo. Al entrar Jesús en el Pretorio, los pendones de los abanderados se
inclinaron por si mismas, y los judíos culparon del hecho a los abanderados.
19. ¿Despotricáis contra
mis abanderados? Elegid por vosotros mismos hombres fuertes de su raza para que
empuñen las banderas y ya veremos. Ordené al mensajero llevar afuera a Jesús
20. Los ancianos de los
judíos eligieron doce varones robustos. Los conminé: ¡Por la salud del César:
si las banderas se inclinan cuando él entre, serán enviados a servir al
emperador! Ordené que entrase al Pretorio por segunda vez.
Capítulo II. Claudia intercede ante el Sanedrín
1.
Ordené que entrase Jesús por segunda vez. El mensajero rogó de nuevo que
entrase y pasara por su manto. Al entrar, las banderas se inclinaron. Al ver
esto los judíos quedaron sobrecogidos y comenzaron a agitarse, no sé si por el
hecho acontecido o porque habían perdido a doce de los suyos, entre los que se
contaban alguno de sus hijos.
2.
¿No te habíamos dicho que era un encantador? Aquí tienes 30 monedas de plata,
devuélvenos a nuestros varones.
3.
Al oír esto dije a los judíos: ustedes fueron los que culparon a mis
abanderados y ustedes quienes propusieron que estaban faltando a su labor.
¿Ahora quieren que yo falte a mi palabra por 30 monedas de plata? Llame a la
guardia y solicite llevaran a los doce varones a resguardo para servir al
César.
4.
Vi entristecer el rostro de más de seis ancianos, al retirar a los doce judíos.
Entrando al Pretorio mi mujer Claudia Prócula me dijo: No hagas nada contra ese
Justo, porque he sufrido mucho en sueños en estos días a causa de él.
5.
Empero Anás y Caifás insistieron diciendo: Toda la multitud grita que ha nacido
de la fornicación y que es un hechicero. Y aquellos que deponen en contra son
sus prosélitos y sus discípulos.
6.
¿Qué son los prosélitos? Y ellos respondieron: Son hijos de paganos, que ahora
se han hecho judíos.
7.
¿Ahora culpan a mi esposa de ser Prosélito o discípulo? ¿Por qué no le
prohibieron cuando ella mando construir
para vosotros numerosas sinagogas? Callaron.
8.
Le dije a Jesús ¿No oyes lo que estos dicen contra ti? ¿Nada contestas?
9.
Jesús repuso: Es a ellos, y no a mí, a quien Dios preceptuó: No levantaréis
falso testimonio.
10. Les dije a los judíos:
Tomadlo y juzgadlo según vuestra ley. Mas los judíos repusieron: No nos está
permitido matar a nadie. Viendo el
rostro de Jesús, reargüí: ¿Por qué quieren hacer perecer a Jesús? ¿Quieren
hacerlo perecer, por ejecutar una buena obra?
11. Repusieron: Quiere
desaparecer la Ley de nuestros padres, la de Abraham, la de Moisés. Les dije:
Pongo al sol y a mi esposa por testigo de que nada he encontrado de castigo en
este hombre.
Capítulo III. Diálogo con Jesús.
1.
Entonces ordené que saliese todo el pueblo y el Sanedrín, y envíe al mensajero
para que pusiese aparte a Jesús para hablar con él.
2.
Dime ¿A quién hago caso? El respondió: Haced y cumplid de acuerdo a tu Ley,
pero no actuéis como ellos, porque no practican lo que predican. Lían fardos
pesados y los echan en los hombros de los demás, pero ellos no quieren levantar
ni un dedo.
3.
Pregunté ¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús dijo: ¿Permitirías que al César
le levantaran falso testimonio? Si mi reino fuera de este mundo, no estaría
aquí. Mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado.
4. Le volví a preguntar ¿Qué has hecho? Jesús
respondió: Ya los has visto. Pagan el diezmo de la menta, del eneldo y del
comino, pero pasan por alto lo más grave de la Ley: la justicia, la
misericordia y la lealtad.
5.
Repuse ¿Luego eres tú el hijo de Dios? Replicó Jesús: Yo para esto he nacido y
para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que oye mi
palabra la verdad escucha.
6.
¿Qué es la verdad? Y Jesús respondió: La verdad viene del cielo. Y repuse: ¿No
hay, pues, verdad sobre la tierra? Jesús dijo: Mira cómo los que manifiestan la
verdad sobre la tierra son juzgados por los que tienen poder sobre la tierra.
7.
Levantan sepulcros a los profetas y adornan los monumentos a los justos. Dando
testimonio de que son hijos de quienes asesinaron a los profetas. Colmaran
ahora la medida de sus padres.
8.
Claudia que se encontraba escuchando detrás de un pendón entró y arrodillándose
dijo: Señor Jesús ten piedad y perdona nuestras faltas. Agarre a Claudia del
hombro para levantarla.
9.
Jesús dijo: No teman y tengan confianza. Todo aquí ha de pasar para que se
cumplan las escrituras, porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido,
sino a servir y dar su vida en rescate por muchos.
10. Yo pregunte ¿Qué haré a
tu respecto? Jesús dijo: Haz lo que debes. Moisés y los profetas han predicho
esta pasión y mi resurrección.
Capítulo IV. Partida a Damasco
1.
De vuelta al Pretorio, convoque de nuevo al Sanedrín y a la muchedumbre que iba
con ellos y les dije: Sabéis que de acuerdo a la costumbre, el día de los
Ázimos os concedo la gracia de soltar a un preso. Encarcelado tengo al asesino
de soldados, que se llama
2. Barrabás, y no encuentro en Jesús nada que
merezca la muerte. ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y todos
respondieron a voz en grito: ¡Suéltanos a Barrabás!
3.
Y repuse: ¿Qué haré de Jesús, llamado el rey de los judíos? Y exclamaron todos:
¡Crucifícalo!
4.
Siempre habéis sido una raza sediciosa. Caiga su sangre, pues, sobre vosotros y
sobre vuestros hijos hasta el fin de este mundo. Lavándome las manos, como es costumbre,
al terminar un juicio.
5.
Dirigiéndome a Jesús continúe: Tal como está escrito en los estatutos de
vuestros antiguos príncipes, ordeno, pues, que seas azotado. Y en seguida, a
ser crucificado junto a Dimas y Gestas, dos malhechores que ya han sido
sentenciados a muerte.
6.
Vino después de la crucifixión, un tal José a pedirme el cuerpo de Jesús para
darle sepultura. Envié a la guardia con él para que le entregasen el cuerpo.
7.
Después de 40 noches, apareció Jesús ante mí: No temas, he regresado para
levantar la tienda caída de David. Tú me ayudarás. Repliqué: ¿Cómo podrá ser
eso si soy un pagano? ¿Cuándo, cómo lo sabré? Y dijo: Lo sabrás. Volví a
preguntar: ¿Qué necesito? Él dijo: No llevéis nada para el camino, ni bastón,
ni morral, ni comida, ni dinero, ni tampoco dos túnicas. Cree solamente.
8. Después de seis
años, y llegando el rey Tito a sitiar la ciudad para vengar la muerte del
Justo, entregué mi cargo al emperador César con una carta en la que doy parte
de los hechos acontecidos y partí sin más a Damasco para encontrarme con
Claudia, quien había iniciado a los gentiles a invocar el nombre del Señor
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



